Tu hijo no solo piensa con el cerebro. También con el intestino.
La microbiota influye en el estado de ánimo, el sueño, la atención y la regulación emocional. Comprender el eje intestino-cerebro ayuda a entender por qué algunos niños están más irritables, ansiosos o desbordados, y qué se puede trabajar.
Tu hijo no solo piensa con el cerebro. También con el intestino.
Durante años hemos creído que las emociones, el comportamiento, la atención o la forma de relacionarse con el mundo dependían únicamente del cerebro.
Hoy la ciencia ha demostrado algo que cambia por completo esta visión:
el intestino es un órgano emocional.
Y la microbiota —los millones de bacterias que viven en él— tiene un papel decisivo en cómo se siente, cómo piensa y cómo se comporta tu hijo.
El intestino fabrica sustancias clave para el bienestar
Gran parte de sustancias relacionadas con el estado de ánimo (como la serotonina, la dopamina o el GABA) se producen o se regulan en el intestino gracias a la acción de la microbiota.
Esto significa que, en algunos niños, síntomas como:
- Irritabilidad
- Ansiedad
- Impulsividad
- Dificultades de atención
- Problemas de sueño
- Baja tolerancia a la frustración
pueden estar influidos, en parte, por cómo está funcionando su salud intestinal.
Los primeros años programan mucho más de lo que creemos
Desde el embarazo, el tipo de parto, la lactancia, la alimentación, el uso de antibióticos o el estrés… todo va modelando esa microbiota que después influirá en:
- El desarrollo cerebral
- La regulación emocional
- La tolerancia al estrés
- El descanso
- La capacidad de concentración
Por eso hay niños que parecen “más nerviosos”, “más sensibles”, “más explosivos” o “más tristes” sin que sepamos exactamente por qué.
La respuesta muchas veces está en esta conexión invisible: el eje intestino-cerebro.
Cuando el intestino está alterado, el cuerpo lo nota
En consulta es frecuente ver niños con síntomas emocionales y conductuales que también presentan molestias digestivas: dolor de barriga, gases, diarreas o estreñimiento.
El cuerpo habla. Y en muchos casos habla a través del intestino.
La buena noticia: se puede trabajar
La microbiota no es un destino cerrado. Se puede cuidar, recuperar y fortalecer con hábitos adecuados y, cuando es necesario, con un abordaje profesional.
Cuando se entiende lo que hay detrás, cambia la mirada: a veces el problema no es “cómo es tu hijo”, sino cómo está de desbordado por dentro.
¿Te suena esto?
Si sientes que tu hijo está más irritable, más ansioso, más triste o más desbordado de lo habitual, no siempre es un problema de carácter.
A veces es biología. Y eso, afortunadamente, se puede trabajar.
Cecilia Filippo Castelli – Psicóloga General Sanitaria
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Camino de los Parrales 316 (Centro NUSAL) – Aguadulce
Cecilia Inés Filippo Castelli
Psicóloga General Sanitaria
Nº Colegiado: AO-12020 · N.I.C.A.: 57374
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