Adicciones sin drogas: cuando una conducta normal se convierte en dependencia
Las adicciones comportamentales no implican sustancias, pero pueden generar pérdida de control, dependencia psicológica y deterioro familiar y social. Detectarlas a tiempo es clave para intervenir con eficacia.
Adicciones sin drogas: cuando una conducta normal se convierte en dependencia
Cuando hablamos de adicciones, la mayoría de las personas piensa automáticamente en alcohol, cocaína o heroína. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado de forma significativa otro tipo de dependencia: las adicciones sin sustancia.
Se trata de conductas aparentemente normales —usar el móvil, comprar, trabajar, jugar online, mantener relaciones sexuales, comer— que en determinadas circunstancias pueden convertirse en comportamientos compulsivos y descontrolados.
La clave no es la sustancia. Es la pérdida de control.
Desde una perspectiva clínica, una conducta se considera adictiva cuando aparecen cuatro elementos fundamentales:
- Pérdida de control sobre la conducta.
- Dependencia psicológica intensa.
- Interferencia en la vida familiar, social o laboral.
- Persistencia del comportamiento a pesar de las consecuencias negativas.
Estos criterios no dependen de que exista una droga. Dependen del funcionamiento psicológico de la persona.
Por qué son especialmente difíciles de detectar
El problema de las adicciones comportamentales es que se desarrollan alrededor de actividades socialmente aceptadas. Nadie se alarma porque alguien utilice el móvil o trabaje muchas horas.
La diferencia aparece cuando la conducta deja de ser una elección y se convierte en una necesidad compulsiva.
Cuando la persona ya no puede parar, aunque quiera.
El mecanismo es similar al de cualquier adicción
Estas conductas activan los mismos circuitos de recompensa cerebral que las sustancias psicoactivas. Se produce una liberación intensa de dopamina que refuerza el comportamiento y aumenta la probabilidad de repetición.
Con el tiempo, se genera tolerancia (necesidad de más estímulo) y malestar cuando no se realiza la conducta.
No es una cuestión de “falta de carácter”. Es un proceso neuropsicológico real.
Factores de riesgo
Entre los factores que aumentan la vulnerabilidad se encuentran:
- Dificultades en la regulación emocional.
- Impulsividad elevada.
- Baja tolerancia a la frustración.
- Problemas familiares o relacionales.
- Escasa supervisión en el caso de menores.
En adolescentes, por ejemplo, el juego online o el uso excesivo de redes sociales puede convertirse en una forma de evasión frente al malestar emocional.
Intervención y tratamiento
La buena noticia es que estas adicciones son tratables. El abordaje debe centrarse en:
- Recuperar el control conductual.
- Trabajar la regulación emocional.
- Modificar creencias distorsionadas.
- Reestructurar hábitos y entorno.
- Implicar a la familia cuando es necesario.
La detección temprana mejora significativamente el pronóstico.
Conclusión
No todas las adicciones implican sustancias, pero todas comparten un mismo núcleo: la pérdida de libertad.
Cuando una conducta deja de ser voluntaria y empieza a dominar la vida de la persona, estamos ante un problema que merece atención profesional.
Cecilia Filippo Castelli – Psicóloga General Sanitaria
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Aguadulce (Almería)
Cecilia Inés Filippo Castelli
Psicóloga General Sanitaria
Nº Colegiado: AO-12020 · N.I.C.A.: 57374
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