Tu hijo adolescente no está perdido. Su cerebro está en obras.
La impulsividad, los cambios de humor, la necesidad de amigos y las malas decisiones no son rebeldía sin sentido. Son el resultado de un cerebro que aún se está organizando.
Tu hijo adolescente no está perdido. Su cerebro está en obras.
Muchos padres llegan a consulta con la misma preocupación: «No lo reconozco», «antes no era así», «no atiende», «se enfada por todo», «solo le importan sus amigos».
Y la interpretación más frecuente es pensar que el adolescente se ha vuelto rebelde, irresponsable o desobediente.
Pero la realidad es otra.
No es un problema de actitud. Es un proceso de desarrollo cerebral.
La adolescencia no es un problema. Es una fase de reorganización
Entre los 10 y los 22 años el cerebro vive una transformación profunda. No todas las áreas maduran al mismo ritmo.
Las zonas emocionales y de recompensa están hiperactivas. Las zonas encargadas de planificar, prever consecuencias y controlar impulsos (corteza prefrontal) son las últimas en madurar.
Esto genera un desequilibrio muy claro:
- Emociones muy intensas
- Búsqueda de sensaciones y recompensas
- Necesidad extrema de pertenecer al grupo
- Dificultad real para planificar y organizarse
- Problemas para controlar impulsos
No es que no quiera hacerlo mejor.
Es que su cerebro todavía no puede hacerlo como un adulto.
Por qué ahora los amigos son más importantes que la familia
Durante esta etapa, el cerebro social se vuelve especialmente sensible al rechazo y a la aceptación del grupo.
La inclusión social activa los mismos circuitos cerebrales que una recompensa. La exclusión duele como un dolor físico.
Por eso necesita tanto a sus amigos. No es capricho. Es biología.
Por qué duerme mal, se levanta tarde y parece vivir con jet-lag
Las hormonas de la pubertad modifican el ritmo del sueño. El adolescente no tiene sueño a las 22:30, aunque deba levantarse a las 7:00.
Vive en un desfase horario constante. Esto afecta a su humor, a su concentración y a su rendimiento.
Por qué toma decisiones que parecen absurdas
El sistema emocional madura antes que el sistema de control.
Esto hace que, ante recompensas inmediatas, el adolescente tenga más dificultad para frenar la conducta y pensar en consecuencias futuras.
No es falta de inteligencia. Es falta de maduración ejecutiva.
La buena noticia que casi nadie conoce
Este cerebro es extremadamente plástico. Se puede entrenar.
Las funciones ejecutivas (planificación, control de impulsos, memoria operativa, flexibilidad) se pueden estimular y desarrollar con el acompañamiento adecuado.
Cuando los padres comprenden esto, dejan de interpretar la conducta como un desafío personal y empiezan a verla como una oportunidad educativa.
Y ahí es donde empieza el cambio.
Si sientes que tu hijo adolescente se te está yendo de las manos
No estás ante un problema de mala educación.
Estás ante un cerebro en plena reorganización que necesita guía, estructura y entrenamiento.
Y esto se puede trabajar.
Cecilia Filippo Castelli – Psicóloga
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Camino de los Parrales 316 (Centro NUSAL) – Aguadulce
Cecilia Inés Filippo Castelli
Psicóloga General Sanitaria
Nº Colegiado: AO-12020 · N.I.C.A.: 57374
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