La ansiedad no aparece por casualidad: es el precio de vivir desconectado de ti
La ansiedad no es debilidad. Es la consecuencia de vivir hacia fuera, pendientes de todo menos de nosotros mismos. Entender esto es el primer paso para empezar a recuperarte.
La ansiedad no aparece por casualidad: es el precio de vivir desconectado de ti
Muchas personas llegan a consulta con la misma frase: «No me falta nada… pero no me siento bien».
Tienen trabajo, familia, estabilidad. Sin embargo, viven con un nudo constante en el estómago, con pensamientos que no paran, con una inquietud que no saben explicar.
No entienden qué les pasa.
Y lo que les pasa no es debilidad. Es desconexión.
Vivimos hacia fuera y hemos dejado de vivir hacia dentro
Vivimos pendientes de lo urgente, de lo inmediato, de lo que hay que hacer, de lo que se espera de nosotros, de lo que otros necesitan.
Pero casi nunca nos detenemos a preguntarnos qué necesitamos nosotros.
Cuando una persona deja de escucharse durante mucho tiempo, el cuerpo y la mente empiezan a hablar en forma de ansiedad.
La ansiedad es una señal de alarma, no un defecto personal.
La diferencia entre miedo y ansiedad
El miedo tiene un motivo claro. Sabes a qué temes.
La ansiedad, en cambio, es un temor difuso. Parece venir de todas partes y de ninguna. No tiene rostro, no tiene forma, y por eso desorienta tanto.
Es la sensación permanente de que algo va a salir mal, aunque no sepas exactamente qué.
Cómo invade la ansiedad a la persona
La ansiedad no se queda solo en la mente. Atraviesa toda la persona:
- En el cuerpo: taquicardia, opresión en el pecho, dificultad para respirar, tensión muscular, molestias digestivas.
- En la conducta: inquietud, irritabilidad, incapacidad para relajarse, cansancio constante.
- En el pensamiento: anticipar lo peor, pensamientos repetitivos, dificultad para concentrarse.
- En lo social: dificultad para decir que no, miedo a decepcionar, necesidad excesiva de agradar.
La persona deja de sentirse dueña de sí misma.
Cuando la ansiedad se mantiene, el cuerpo empieza a hablar
Dolores musculares, insomnio, problemas digestivos, contracturas, migrañas…
No son casualidades. Son el resultado de una tensión emocional mantenida durante demasiado tiempo.
La raíz profunda
No es el ritmo de vida. Es que has dejado de preguntarte qué sentido tiene lo que haces.
Vives resolviendo lo urgente y olvidando lo importante.
Y cuando pierdes el contacto con tus propios límites, con tus valores y con tu equilibrio interior, aparece la ansiedad.
La buena noticia
La ansiedad no es un enemigo. Es un mensaje.
Cecilia Inés Filippo Castelli
Psicóloga General Sanitaria
Nº Colegiado: AO-12020 · N.I.C.A.: 57374
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